Un hombre llamado Miguel Porta Perales habla de la neolengua referida al catalanismo. Pero nadie, que yo sepa, ha hablado de la neolengua referida al neocapitalismo de la nueva revolución-involución, en las relaciones que pretenden hacer funcionar nuestra nueva sociedad robótica. Que no es robótica, principalmente, porque una serie de máquinas hayan usurpado, según unos, y sustituido según otros, el puesto de trabajo humano.
Esto viene demostrando, según lo que explican sus defensores, la gran caridad y solidaridad "innatas en ella", en dicha neolengua. Y en su corolario sistema de relaciones humanas. Nada menos, que por el hecho de combatir estos espadachines de acero unos trabajos poco compatibles con la dignidad de hombre ocioso. Eso en lugar de hacerlos, o considerarlos compatibles, con la dignidad de hombre empleado. Que puede realizar sus ideales y sueños, mediante un trabajo humanamente pleno y digno.
En realidad esta sociedad es esencialmente robótica, por la transformación de las mentes que ha traído como consecuencia. Esta sí es una verdadera neolengua.
Como principal manifestación, o una de ellas, de todo este maremagnum de infiltración ideológica, al servicio de clases dominantes, se produce el cambio subrepticio de términos como vivienda, por el de propiedad inmobiliaria. Eso, aun quedando el termino vivienda, como una reliquia fósil, conservada en el formol de instituciones como los ministerios de la vivienda de los diferentes países. Siendo la vivienda digna, un derecho reconocido por todos los tratados, como el de derechos humanos, y las constituciones de casi todos los países, de todos los regímenes y pelajes políticos, lo que prima hoy en día es la concepción del hogar como bien objeto de lucro especulativo. Esa es la esencia de las burbujas inmobiliarias, provocadas en tantos países a todo lo ancho del planeta. En España, esto tiene como origen grave el propio desarrollismo franquista, (o incluso alguno anterior, o varios) con su melopea megalómana de ciudades dormitorio y turismo rampante y especulador. Turismo que consideraba al español, como un habitante de segunda, tercera, o cuarta clase. De sol y playa colmena en Torremolinos o levante.
Un tipo de espécimen político y social, que solo debía aspirar a tener nevera, seiscientos, televisión, lavadora, pisito en barrio desastrado, cutre, maloliente y sin urbanizar, canario, y gato o gozquillo, a elegir.
Esto lo defienden todavía, incluso más que nadie, columnas dóricas, jónicas y corintias de la opinión de zarza ardiendo del periodismo, que en otros ámbitos es tan patrio y tan conmiserativo. Incluso también profesionales de la justicia, como ciertos fiscales de máximo rango. Con la complicidad sin escrúpulos de una gran masa de jueces y magistrados.
Esta tendencia partidista, sí admite y defiende una emocionalidad más propia de teleserie latinoamericana, o de pélicula lacrimógena de Holywood, en casos que le son muy queridos y beneficiosos. Y muy seguidos por sus seguidores fieles piperos, auténticos hooligans de todo lo opinable en grupo. Como con los afectados por el terrorismo o el nacionalismo rampante, aunque solo el periférico. Pero que no aguanta, esa opinión masificada, la conmiseración ni la, ya no caridad, sino un mínimo humanitarismo, que ni siquiera es justicia, en las relaciones económicas. Para ellos, la justicia está solo para tapar los negocios sucios de infantas, tesoreros, presidentes/as de CCAA, alcaldes, incluso aunque sean todavía unos "presuntos". Pero luchan porque siempre se queden en eso. Y por los siglos de los siglos amén. Con ello convertirán a estos/as que defienden , en unas/os permanentes sospechosas/os de fraudes antológicos, y antilógicos.
Gran parte de todo esto, viene a cuento de otra mentira disfrazada de media verdad, la de la programada política planeada desde las alturas, para que la propiedad inmobiliaria pasara en su día a ser un bien objeto de esa especulación económica y política. Pues era más fácil hacer emigrar del campo a miles e personas, a barrios indecentes, de megaciudades improvisadas como campamentos del Far West, que industrializar el campo.
Ahora, en una nueva vuelta de tuerca, se ha convertido la propiedad inmobiliaria en lo equivalente una simple acción de una empresa, cotizable en una bolsa metafórica y desrregularizada. Con las burbujas, la gente ya compraba casas, por el mero hecho de que subían artificialmente hasta precios escandalosos, para especular con sus nuevos aumentos de precios, aun mas escandalosos. Ello era producto o causa de una planificación que ha consistido, en construir muchas más casas de las que el parque inmobiliario natural, o poblacional, exigía. La razón esencial por la que hay millones de pisos vacíos en la actualidad en España.
¿Sera un nuevo paso de gigante hacia la dominación del mundo por unos pocos, y la entronización definitiva de un capitalismo de secta? O, encaso contrario, de la destrucción por esa propia dinámica del absurdo, de ese mismo sistema que nos domina, y que defienden tantos de los que se dicen cristianos católicos. Los que defienden, con toda razón teórica, pero que en este caso tiene todos los visos de ser una farsa de autoconvencimiento, los derechos de victimas de otra serie de tropelías delictivas. Esa defensa que quizá viene provocada mas bien por el miedo a disentir. O quizá a obtener réditos políticos por parte de los grupos dirigentes y planificadores. Y además el aplauso del entorno seguidor habitual, personal o intimo, al individuo que defiende todo esto. Con cuestiones que apelan a lo más visceral o animal de la química de las emociones, tan rentable para hipnotizar a masas, en las que ya se ha sembrado, o fertilizado, dicha semilla. Una semilla de miedo muy confusa, en la que se mezclan eslóganes de sectores opacos de lo público estatal ("lo patrio" = más científicamente, la cloaca), con la mas oscurantista actividad, que lleva a las personas a dudar íntimamente de todo. De manera intima, porque esa duda nunca se muestra a las claras frente al otro, salvo en casos de ciertos grupos que van surgiendo, y que son contestados con toda la virulencia posible. Incluso desde estudios que se pretenden serios, y no son más que una sarta de tópicos. Se odia lo que no se conoce.
Igual que lo son, contestados, difamados, vilipendiados y estigmatizados, los críticos en profundidad del sistema económico, que propicia este nuevo capitalismo de especulación más depredadora que nunca. Quizá es, porque ambos casos de planificación de estrategias políticas, la pseudoantiterrorista hipócrita, y la del capitalismo de multinacional y casino, están más interrelacionados de lo que parece. En realidad incluso, para mayor coincidencia en la sospecha, tienen ambas, mas o menos, una cronología similar y paralela.
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