domingo, 30 de junio de 2013
Com. Autonom. DE CHANTAJE O AUTOGOBIERNO DE MUTUO RESPETO.-
El nuevo delegado del gobierno de Angela Merkel en la comunidad Autónoma de España de la república de Europa, sustituyendo a J.M. Carrascal, eL Sr. Hermann Terch, llama zorra a todo lo que se mueve, pero no a su gusto, en esta comunidad autónoma. Exactamente igual que su jefa hace para dejar claro la relación de sumisión que ella piensa une a su persona, y a los que mangonean a sus espaldas, con esa comunidad autónoma en que han convertido a ex-España. Esos lobbies y poderes fácticos de los que ni una canciller alemana se puede librar obedecer. Sobre todo insultan a los despreciados países del sur, que son para ellos una caterva de ciudadanos vagos, frente, paradójicamente, a unas finanzas alemanas e inglesas, cuyos bancos deben, sumados ambos, del orden de más de un millón seiscientos mil millones de euros.
No matiza si a lo que llama zorra, lo es solo por su comportamiento. O quizá lo es porque está en el lado contrario de la feria de pueblo, en la que han convertido el mercado de las ideas de esta comunidad autónoma bananera de las Seapañas. En algo así han convertido, en general, Europa. Seguramente el señor Mas es un desahogado. Pero no porque pretenda una autonomía sincera, que pueda llegar a algo que a unos les pueda sugerir de manera histérica, autodeterminación, que no lo pretende. O que siga pareciéndoles una cesión desde el poder autonómico, a los separatistas que miden la autodeterminación, o una mayor autonomía como comunidad histórica, con el botón del tanto por ciento y el de los intereses de su calculadora corrompida. Sin embargo, una auto-gestión intranacional para una región histórica, que fue más libre probablemente en alguno de esos tiempos históricos, no es algo para ser tomado a risa. Tampoco con el desprecio en contrario de la diatriba barata, que esconde el deseo de un reparto de poder concreto e interesado, y no el bien común.
El problema es identificar ahora mismo, o incluso desde que se inicio ese proceso tan voluble y viscoso que algunos han canonizado como la beata Transición, a la gente dispuesta en los territorios históricos como Cataluña, a proponer argumentaciones de lógica también histórica, justa, proporcional y de cohesión solidaria.
Pero pedir esa voluntad de identificación al bando que representa el señor Terch, y a este señor personalmente, es como pedir bananas a un peral. Porque ambos discursos se basan en lo mismo, en defender lo que interesa a los inductores de dichas ideas, que se esconden detrás de la americana marfil del doctor Terch, o detrás de las sonrisa de chino, o de oriental siniestro del señor Más, y de su mariachis aúlicos. Y aún antes, del carraspeante honolable señor Pujol y sucesores. Los dos han forjado todo un intringulis empresarial estilo yakuza, parangonable al del estado central. En medio estamos todos, como en el tema del terrorismo. Ambos temas son muy jugosos y golosos, para los que quieren hacer la goma con una situación política que ya está gangrenada desde hace demasiado tiempo.
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